Los hábitos mañaneros que te están haciendo engordar sin saberlo

Te has comprometido a bajar de peso. Pides cantidades más pequeñas, sales a correr a menudo, recurres menos a la comida rápida, pero los kilos de más están empeñados en quedarse donde están. Ya has perdido la cuenta de cuántas dietas milagro has probado. ¿Qué falla? Tu rutina mañanera te puede estár saboteando.
Las primeras horas del día son fundamentales. Recién despertado, tomas decisiones en modo automático, son tus hábitos más puros y, sin embargo, cometemos varios errores. “La mayor equivocación que la gente comete cuando intenta bajar de peso es empezar su día con el pie izquierdo”, dice Susan Pierce Thompson, presidenta del Instituto para la Pérdida Sostenible de Peso de EEUU. Las decisiones que tomas recién despertado pueden marcar el tono al resto del día, por lo que es vital identificar los malos hábitos que comentes cada mañana. Estos son los cinco más comunes:
No desayunar
La comunidad científica coincide en que el hábito de desayunar puede ser beneficioso para perder peso. Por ejemplo, una investigación de la Universidad de Tel Aviv ha descubierto que aquellos que consumen un desayuno equilibrado de 600 calorías -con proteínas, carbohidratos y un poco de dulce- comen menos durante el resto del día en comparación con los que desayunaban la mitad. Ese 'comer menos', al final, sale a cuenta.

Desayuna fuerte y sano para mantener a raya el apetito. (iStock)
Una comida fuerte por la mañana mantendrá a raya a la grelina, la llamada hormona del hambre, para que no necesites nada hasta el almuerzo. Por tanto, los investigadores sugirieron que es posible que la satisfacción de sus antojos a primera hora de la mañana ayudase a evitar el atracón más tarde. Si no estás acostumbrado a desayunar, puedes empezar con algo tan simple como una pieza de fruta.
Dormir demasiado
Una de las claves para no engordar no está tanto en la comida, sino en cómo y cuánto duermes. El número de horas y la calidad del sueño están directamente relacionados con el peso corporal, de eso no hay duda. Todos hemos escuchado que cuanto más tarde nos acostemos, más posibilidades tendremos de engordar, y que aumentará nuestro apetito por los alimentos con un alto contenido calórico.
Dormir en exceso (más de diez horas cada noche) incrementa el riesgo de aumentar tu Índice de Masa Corporal
Sin embargo, la solución no es comenzar a quedarse en la cama todo lo que puedas. Dormir demasiado puede parecer una buena idea para hacer frente al aumento de grasa, pero un estudio realizado por PLOS One ha descubierto que descansar más de diez horas por noche incrementa el riesgo de aumentar tu Índice de Masa Corporal (IMC), en comparación con los que dormían entre 7 y 9 horas (lo recomendable). Dormir en exceso puede ser tan perjudicial para tu ciclo del sueño como para el contorno de tu tripa.
No pesarse

Deberías subirte a la báscula cada día. (iStock)
Lo primero que deberías hacer cada mañana, antes del desayuno, es subirte en la báscula. Tras monitorizar a 162 hombres y mujeres con sobrepeso durante dos años, los investigadores de la Universidad de Cornell descubrieron que aquellos que se pesaban cada mañana (cuando está en su punto más bajo) no solo mantenían su peso, sino que algunos eran más exitosos a la hora de adelgazar. Cuando te pones encima de la báscula a primera hora, la medición será más precisa (siempre en la misma báscula, con la misma ropa y después de ir al baño), y podrás hacer ajustar tus comidas durante el día si el número es más alto de lo que esperabas.
No exponerse a la luz natural
Sabemos que por las mañanas, con legañas en los ojos, apetece abrazar la oscuridad y no soltarla. Sabemos que cuesta subir las persianas, que los ojos no están preparado para tanto brillo mañanero. No obstante, las personas que reciben más luz natural en las primeras horas del día tienen más probabilidades de que su IMC sea más bajo, independientemente de cuanto comieran.
La luz natural sincroniza tu reloj interno, que juega un papel fundamental en el metabolismo y las hormonas que regulan el apetito
Según un estudio publicado por PLOS One, entre 20 y 30 minutos de luz natural son suficientes para afectar a tu peso, incluso cuando está nublado. Esto se debe a que tu cuerpo sincroniza tu reloj interno -el cual juega un papel fundamental en el metabolismo y las hormonas que regulan el apetito- cuando está expuesto a la luz natural. El metabolismo son todos aquellos procesos químicos que realizan las células para transformar los nutrientes de la comida en energía. Así que, cuanto mayor sea su ritmo de trabajo, más probabilidades de perder peso tendremos. Por unos minutos de luz diaria, merece la pena.
No hacer la cama
El mundo se divide en dos tipos de personas: los que estiran las sábanas y los que no. Si eres de los antes de levantarse de la cama ya están saliendo por la puerta, seguro seguro que no la sueles hacer; no suele apetecer. Tiendes a dejar que la vida te lleve y en lo último que piensas es en las arrugas del edredón. Sin embargo, esta elección personal, a priori insignificante, puede afectar a nuestra dieta.

Los que hacen la cama tienen más probabilidades de dormir bien y, por tanto, de adelgazar. (iStock)
Si tu objetivo es adelgazar, quizá tengas que incorporar este hábito a tu rutina mañanera. Según una encuesta de la Fundación Nacional del Sueño de EEUU, los que extienden las sábanas cada día tienen un 19% más de probabilidades de dormir bien, en comparación con sus homólogos más vagos. Y ya que un sueño reparador ayuda a bajar los kilos de más, ¿por qué no hacerlo? Cada mañana, la sensación de logro será inigualable.
Fuente: http://ow.ly/BKWz309orY3
Síntomas del #melanoma que no deberías ignorar (y lo haces a menudo)
Si nuestro mejor amigo nos preguntara si conocemos a alguien que ha padecido cáncer, no nos costaría mucho pensar en algún ejemplo. Todos tenemos un conocido, amigo o familiar que ha sufrido esta enfermedad. Tener un un buen color de piel gracias al broceado y a la exposición de los rayos ultravioleta, está provocando que la tasa de este tipo de cáncer vaya en aumento.Relajarse al sol nos ayuda a desconectar de los duros días de trabajo, pero tomarlo sin el debido protector y sin moderación puede ocasionar graves consecuencias para ti y para tu salud.
Es uno de los cáncer que más preocupa a la sociedad. Los melanomas suelen producirse por culpa de los rayos solares o agentes externos, aunque el verdadero problema viene en la rapidez de reproducción de sus células, que van a una velocidad superior a la del resto del cuerpo. Eso hace que aumente el riesgo de que se expanda a todo el cuerpo o a órganos de vital importancia.
La incidencia de melanoma en España es de 9,7 por cada 10.000 personas y la mortalidad, de dos personas por cada 100.000
El melanoma es el cáncer de piel más agresivo, pero también el más raro. Su riesgo se debe a que suele comenzar en las capas más profundas de la piel. Por su parte, el tipo de cáncer "no melanoma", genera cambios en la base celular y es el tipo más común y menos agresivo. Este suele aparecer en la zona media y superior de la piel por lo que notarlo resulta bastante sencillo. El cáncer no melanoma suele ser tratado con una pequeña cirugía que elimina todas las células alteradas, por lo que es fácil de tratar.
Un favor importante para la detección es que es de los pocos que puede verse a simple vista. Podríamos sospechar que lo estamos sufriendo si una de las manchas que solíamos tener ha crecido alarmantemente o han salido algunos que no teníamos antes. Por eso es vital saber reconocerlo y diferenciarlo de un simple lunar.

Melanomas a simple vista. (iStock)
En primer lugar debemos fijarnos en su forma. Los lunares suelen ser geométricos, similares a un círculo. Si nos encontramos uno con aspecto diferente o irregular, con múltiples salientes y entrantes , podría tratarse de un melanoma.
El color es otro de los aspectos a tener en cuenta. Los lunares suelen ser de un color uniforme, así que si nos encontramos alguno con un color extraño, podría ser otro de los síntomas clave del cáncer de piel.
El tamaño es también imprescindible y un factor esencial para detectarlo. Un lunar no suele superar los seis milímetros de diámetro, por lo que si su superficie es más grande, podría estar escondiendo esta enfermedad y afectar a los órganos más cercanos. Además, según un estudio publicado en 2015 por la revista 'British Journal of Dermatology', las personas que suman más de 11 lunares en el brazo derecho podrían tener un riesgo mayor que la media de desarrollar este tipo de cáncer.
Una cosa que debemos tener muy clara es que los lunares no evolucionan nunca. Ni cambian de color, ni de tamaño bajo ningún motivo. Si apreciamos cualquiera de estos síntomas debemos ir al médico sin dilación. Hay que asustarse a medias, no es un simple catarro pero la tasa de mortalidad en este tipo de cancer es muy baja. En el caso de España se ha estabilizado, pero el número sigue aumentando, según informó Agustín Buendía, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).
El experto ha informado que en las cifras de los últimos años, la incidencia de melanoma en España es de 9,7 casos por cada 10.000 personas y la mortalidad de dos personas por cada 100.000. Además, en el caso del cáncer cutáneo no melanoma, la tasa se sitúa en 160 casos por 100.000 habitantes, de los cuales 118 son carcinomas basocelulares y 42 carcinomas espinocelulares (solo el menor número de casos era maligno).
Detectado a tiempo tiene una tasa de recuperación muy elevada, por eso debemos estar atentos a los signos de nuestro cuerpo. Podemos evitarlo antes de que se produzca de una forma muy sencilla. No debemos abusar del sol y protegernos siempre con las protecciones solares adecuadas. Podemos compaginar perfectamente un bonito bronceado y continuar siendo amigos de los cánones de belleza, siempre con un poquito de cabeza y buscando un equilibrio entre ambos.

Al menor síntoma, acude a tu dermatólogo. (iStock)
La piel perdona pero no olvida, así que debemos tener mucho cuidado a la hora de exponernos a los rayos del sol, porque los daños pueden ser irreversibles. Algo que debe quedar muy claro es que ante la mínima sospecha, hay que pedir cita con nuestro médico de cabecera para nuestra tranquilidad y control de la salud. La piel es nuestro principal escudo contra agresiones externas, por lo que hay que cuidarla y mimarla mucho.
Fuente: http://ow.ly/hNeT309orJl
Por qué los 'runners' no pueden deshacerse del sentimiento de culpa por lo que hacen
Los detractores del cristianismo suelen señalar que su concepto de la culpa ha penetrado en todos los ámbitos de la cultura occidental, consiguiendo que el pecado original inherente a la condición humana haya atemorizado durante siglos al hombre. 21 siglos después, los modernos urbanitas experimentan un sentimiento semejante que proviene de una religión que hoy en día se cimenta con tantos adeptos –o incluso más– que la fe católica: se trata del 'running'.
Prácticamente todos los aficionados a la carrera han experimentado en un momento u otro lo que se conoce como “la culpa del corredor” que conduce a la llamada “carrera culpable” ('guilt run'). La página 'Urban Dictionary', que recoge con sentido del humor estas nuevas palabras, lo define como “una carrera que se emprende para aliviar la culpa”. Quienes la llevan a cabo lo hacen por dos razones: en primer lugar, para sentirse un poco mejor después de haber incurrido en un comportamiento en teoría inapropiado (comer demasiado o consumir alcohol), pero también para competir con sus compañeros de carrera.
Me siento culpable cuando corro. Me siento culpable cuando no corro. Me siento culpable todo el tiempo. Pero es cosa del 'running'
No hay forma de sentirse bien, señalan muchos 'runners', puesto que todo minuto que se pasa sin dedicarlo al ejercicio es un minuto desperdiciado. Es la trampa de las exigentes rutinas de entrenamiento: puesto que cuanto más esfuerzo hagamos, mejores marcas obtendremos, sentimos continuamente una especie de FOMO ('fear of missing out') deportivo, que nos lleva a pensar que estamos malgastando nuestro tiempo sin parar.
“La culpabilidad del corredor es un sentimiento familiar para casi todos los corredores”, señala un artículo recién publicado en 'Outside Online' que ha circulado entre la comunidad 'runner'. “Es esa sensación visceral de que nos falta algo cuando nos saltamos una carrera. Hay una casilla en algún lugar de nuestro interior que no hemos marcado. Incluso aunque esté en la cama tosiendo flemas en un pañuelo, escucho esa voz acuciante de culpa recriminándome que no tengo la disciplina necesaria”.
Correr a todas horas para sentirse… normal
“Me ocurre casi todos los días”, explica Josie en 'Millenium Running'. “Me siento culpable cuando corro. Me siento culpable cuando no corro. Me siento culpable todo el tiempo. Pero la culpa la tiene el 'running'”. La corredora señala que su afición no le cansa tan solo físicamente, sino también mentalmente, ya que le obliga a buscar continuamente huecos en su horario –o a eliminar actividades para poder salir a correr–, algo que termina afectando a todos los aspectos de su vida cotidiana.

¿Y si estuviese haciendo algo más provechoso? (iStock)
En principio, parece tan fácil como adoptar como alguna de estas dos soluciones: o tratarlo como si fuese una especie de adicción, y por lo tanto, intentar callar la voz tomando conciencia de que el 'running' no lo es todo, o aliviar la tensión interna calzándose las deportivas y el chándal. Pero ¿qué ocurre cuando tenemos otras obligaciones familiares, laborales o de otra índole que entran en conflicto con la necesidad de salir a correr? “Pasar dos horas viendo a mi hijo jugar al fútbol me hace sentir culpable”, explica Josie. “Podía haber empleado ese tiempo en dar vueltas alrededor de la pista”. No es solo que prefiera correr a estar con su retoño, sino que también se siente mal con sus amigas, especialmente si pide un cocktail alcohólico. ¿Cómo se le ocurre?
Esta infatigable voz interna ocasiona un problema muy claro en las pautas de entrenamiento: si el deportista se salta una carrera, es muy probable que tienda a hacer un sobresfuerzo la próxima vez que salga a la pista, o que adopte rutinas perjudiciales que terminen causándole una lesión. Como explicaba nuestro experto en 'running' Daniel Camiroaga, los errores más frecuentes entre principiantes son intentar ir demasiado rápido y demasiado pronto y, sobre todo, no respetar los descansos, que son tan importantes o más que la rutina de ejercicio en sí.
Siempre se puede correr un poco más, mejorar aún más nuestras marcas o quemar unas calorías más, especialmente en la era en la que los 'wearables' cuantifican hasta el último de los pasos que damos. Ocurre a menudo cuando alguien se encuentra preparando una carrera como la San Silvestre. Laura Hill desvela en la página australiana 'ExecutiveStyle' lo mal que se siente por no verse preparada para la maratón de dentro de cuatro semanas. “Esta desazón penetró en mi cabeza después de un par de semanas de mal tiempo y mucho lío en el trabajo, que hicieron difícil que completase mi plan de entrenamiento”.
Cuando te sientes mal… por correr
Hay otra posibilidad: que nos sintamos culpables precisamente por correr. Es lo que manifiesta Sam Robinson, el autor del artículo de 'Outside Online'. “Hay una forma alternativa, menos conocida, de la culpa del 'runner', una sensación que surge porque precisamente uno corre”, recuerda. “Emerge con el reconocimiento de que el 'running' es en sí mismo un lujo, y uno que tiene un coste real”. Se trata del otro lado de la moneda de Josie: si esta se sentía mal por ver a su hijo jugando al fútbol, Robinson lo hace por saber que tener remordimientos en dicha situación sí que es vergonzoso.
Correr es incluso peor: “La culpa es la conciencia amenazante de que hemos elegido destinar una gran parte del día a nosotros mismos”
“Se trata de un sentimiento incómodo que nos embarga cuando nos damos cuenta de que corremos a costa de nuestra familia, nuestra carrera profesional y nuestros amigos”, explica. “Solo hay una cantidad de tiempo limitada en el día, y la culpa es la conciencia amenazante de que hemos elegido destinar una gran parte de él a nosotros mismos”. En principio, correr con amigos o compañeros debería ayudarnos a marcar límites, pero en el caso de Robinson es más bien al revés.

Si sales a correr con amigos, es posible que te piques y sea aún peor. (iStock)
Hay una constante tensión entre alcanzar nuestros objetivos deportivos y el resto de metas vitales, y a menudo se resuelve a favor de lo primero. Es relativamente habitual que el corredor aficionado se descubra preguntándose “¿quién te crees que eres? No eres Mo Farah. Has perdido tu oportunidad, si es que tuviste alguna”. El sentimiento de culpa que emerge en dichas ocasiones es aún peor, puesto que corremos para sentirnos bien, pero como le ocurre a Robinson, en ese momento recordamos que no tenemos dinero ahorrado en el banco y por lo tanto deberíamos dedicar nuestro tiempo a algo más productivo. Un círculo vicioso del que es muy difícil salir. ¿Es posible?
Cuatro consejos para no obsesionarnos
Uno de los psicólogos que han estudiado la culpa del 'runner' es Michael Inglis, que dirige 'The Mind Room', una comunidad 'online' centrada en rendimiento deportivo. Este recuerda en 'Executive Style' que tan importante como cuidar el cuerpo resulta hacer lo propio con la mente. Tres son los peligrosos síntomas de que el 'running' se nos está yendo de las manos:
- Sobrecompensación. Si nos hemos saltado una carrera un día, tendemos a hacer un esfuerzo aún mayor en nuestra siguiente sesión.
- Abandono. Puede que llegue el momento en el que salir a correr nos provoque tantos sentimientos negativos que prefiramos dejarlo por completo. Si no mantenemos una relación mentalmente sana con la práctica deportiva, es muy probable que la abandonemos.
- Baja autoestima. La culpa está relacionada de manera estrecha con la imagen que muchas personas tienen de sí mismas. Debido a que correr ha pasado de ser una actividad deportiva más a convertirse en una cuestión identitaria, si no alcanzamos nuestros objetivos podemos llegar a pensar que hemos fracasado como personas.
¿Cómo evitar sentir la culpa del 'runner'?
- Objetivos y rendimiento. La mayor parte de guías para principiantes recomiendan fijar unas metas concretas, pero es posible que aunque sean razonables terminen convirtiéndose en otra obsesión. Inglis recomienda que nos preguntemos “¿para qué corro de verdad?”, puesto que nos ayudará a ver con perspectiva nuestra práctica deportiva y a recordar que el 'running' no lo es todo.
- Prioriza. Correr puede ser exigente, pero no por ello debe hacernos dejar de lado otros aspectos de nuestra vida. Quizá nunca corramos una maratón, pero a cambio, estaremos disfrutando de nuestra familia y amigos, o simplemente, de un merecido y obligado descanso.
- Piensa en tus objetivos. El problema de plantearse metas es que estas terminen siendo inamovibles, lo que puede provocar que, si nos damos cuenta de que no vamos a alcanzarlas, las abandonemos por completo. Es preferible ser un poco flexibles y bajar el listón que retirarnos.
- Vigila tu lenguaje. ¿Cuántas veces hemos pronunciado o escuchado “tengo que ir a correr” o “debería irme al gimnasio”? Lo que nace como una feliz afición termina convirtiéndose en una obligación y, por extensión, si no podemos cumplir con nuestros exigentes horarios, en un negativo sentimiento de culpa.
- Fuente: http://ow.ly/NDK7309oq4R
Cómo actuar cuando te quemas en la cocina
¿Quién no ha sufrido alguna vez algún pequeño incidente en su casa? Desde un corte hasta un golpe o una caída leve nadie está exento de padecerlos. Entre ellos, las quemaduras están entre las principales causas de los accidentes domésticos.
Ya sea por contacto involuntario con el horno o la sartén o por salpicaduras de aceites, el riesgo de quemaduras afecta a todos, si bien los niños menores de 10 años, los ancianos y las mujeres de mediana edad son los grupos de mayor riesgo. Los primeros porque su piel es especialmente sensible y su curiosidad les puede llevar a tocar objetos a gran temperatura, los segundos porque son los que sufren más despistes, mientras que en el caso de las mujeres porque, aún hoy, son las que pasan más horas entre fogones.
Factores a tener en cuenta son el grado, la zona afectada, el tiempo de exposición, la edad y las enfermedades de la piel
Sufrir una quemadura es mucho más fácil de lo que se piensa. Por ello, te explicamos cómo valorar correctamente el alcance de la lesión y qué pasos debes de seguir para que no se agrave.
Evaluar y actuar
Para comprender el alcance del accidente basta referirse a la clásica división en primer, segundo y tercer grado:
- Quemaduras de primer grado: afectan únicamente a la superficie de la piel, que enrojece y se inflama ligeramente. Suelen presentarse picores y algo de dolor. En general se resuelven sin dejar cicatrices.
- Quemaduras de segundo grado: afectan tanto a la capa externa de la piel como a la subyacente. Causan dolor, enrojecimiento, hinchazón y ampollas.
El agua corriente y fresca tiene el doble objetivo de reducir la temperatura, limitando la actividad lesiva del calor, al tiempo que atenúa el dolor
- Quemaduras de tercer grado: se conocen también como quemaduras de espesor total. Destruyen la capa exterior de la piel (epidermis) así como la capa inferior (dermis).
Otros factores de evaluación fundamentales son la zona (la cara, el cuello, las manos, los pies y los genitales son las áreas más peligrosas), el tiempo de exposición al agente que ha causado la quemadura, la edad (una misma quemadura es más grave en niños y ancianos), la extensión de la lesión y las enfermedades cutáneas que haya podido sufrir la víctima anteriormente.
Cómo actuar
Las lesiones pueden variar entre los tres grados. En cualquier caso, la principal acción que hay que realizar es enfriar la quemadura con agua corriente y fresca durante diez minutos o más. Según la ‘Guía de Primeros Auxilios del SAMUR y Protección Civil’ es importante que el chorro no caiga directamente sobre la parte afectada, es decir, tiene que tocar la zona adyacente y dejar que el líquido caiga sobre la quemadura.
Esta simple acción tiene el doble objetivo de reducir la temperatura, limitando la actividad lesiva del calor, al tiempo que se atenúa el dolor. Muy importante también es no recurrir al hielo como remedio.

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Si la víctima lleva anillos, pulseras o prendas próximas a la quemadura, estas deben ser retiradas. Si, por el contrario, tales elementos se encuentran pegados a la piel por el incidente, deben dejarse sin tocar.
De especial relevancia es no dejar la lesión al descubierto, y cubrirla con un apósito limpio y seco (en la farmacia existen productos especialmente destinados a estos fines) sin aplicar ningún tipo de pomada hasta que no se evalúe el daño real.
Quemaduras superficiales
Explica Marco Klinger, Profesor de Cirugía Plástica Reconstructiva y Estética en la Università degli Studi di Milano: “Una vez se ha verificado que se trata de una quemadura superficial, en las primeras horas se aconseja aplicar una pomada antibacteriana como la sulfadiacina argéntica con o sin ácido hialurónico. Las lesiones superficiales tienden a curarse más rápido y mejor si estan en ambientes húmedos, Por ese motivo las gasas de parafina pueden ser muy útiles”.
Cuándo acudir al médico
Si la quemadura es de 2º grado y aparecen ampollas, estas no deberían ser tocadas por lo menos durante las 72 horas sucesivas al accidente, debiendo tratarse después con material estéril del personal sanitario competente.
Los remedios caseros carecen de evidencias científicas. Algunos podrían ser contraproducentes
En general, si la quemadura es extensa, debe ser evaluada y curada en un hospital. Si existen dudas y las zonas afectadas son las manos, la cara, los pies o los genitales, lo mejor en estos casos acudir a un centro médico.
No a los remedios caseros
Pasar una cebolla sobre las ampollas, utilizar una patata cruda y fría para aliviar el dolor, aplicar pieles de plátano o claras de huevo, untar miel para utilizar sus propiedades emolientes y antibacterianas… Según el doctor Carmine Gazzaruso ,Responsable de Urgencias del Instituto Clínico Beato Matteo: “Todos estos remedios carecen de evidencias científicas; algunos, a base de sustancias grasas podrían ser incluso contraproducentes, ya que aplican una especie de película aislante sobre la quemadura que impide la difusión del calor que sigue así ejerciendo su acción lesiva sobre los tejidos”.
Fuente: http://ow.ly/3rzT309opsM
Cómo el gimnasio está arruinando tu vida sexual sin que te des cuenta
Has decidido que no puedes seguir más tiempo a dos velas, y te has animado al fin a hacer ejercicio para tener un cuerpo serrano. Pero, de pronto, esa necesidad de ligar se ha desvanecido por completo. Cuanto más vas al gimnasio, más sales a correr... menos ganas tienes de tener sexo. No le encuentras explicación. Pero no te preocupes, la Universidad de Carolina del Norte lo ha investigado por ti.
Estos expertos señalan en su estudio que en el caso de los hombres el ejercicio de intensidad, realizado con frecuencia, está intrínsecamente ligado a una libido baja. Los investigadores realizaron un cuestionario sobre el comportamiento sexual a un total de 1.077 hombres físicamente activos. Se les preguntó, por ejemplo, que con cuánta frecuencia pensaban en sexo y cómo de involucrados estaban con el tema. También se les interrogó sobre sus hábitos de ejercicio, como la intensidad o el tipo de actividad que practicaban. Los participantes detallaron cuáles eran sus antecedentes médicos.
El estudio determinó que los hombres que hacían ejercicio intenso tenían la libido más baja que aquellos con entrenamientos más moderados
Los científicos utilizaron las respuestas para clasificar a los hombres en base a la duración e intesidad de sus entrenamientos, y a su deseo sexual. Los resultados fueron claros: aquellos que hacían ejercicio moderado eran más propensos a tener la libido más alta que los hombres cuyo entrenamiento era especialmente intenso. "El ejercicio intenso se asoció con la libido baja", asegura Anthony Hackney, director del estudio y profesor de la citada universidad, recoge 'The New York Times'.
Aunque el resultado del estudio no establece que la disminución de la libido sea causa-efecto del ejercicio intenso, sí que ha vinculado con claridad ambas situaciones. ¿Por qué sucede esto? Lo que el doctor Hackney y su equipo sospecha es que el cansancio físico hace disminuir los niveles de testosterona. Los investigadores tienen planeado hacer nuevos experimentos que ratifiquen esta conexión.

No obstante, si tú, querido lector, has notado que desde que te esfuerzas en el gym tienes menos ganas de mantener relaciones sexuales, puedes ponerle remedio con estos consejos destinados a aumentar la testosterona de forma natural.
Cómo estimular la producción de testosterona
La producción de la hormona testosterona se suele ralentizar en los hombres a partir de los 40 años, lo que, asimismo, reduce la capacidad de procrear. ¿Cómo podemos frenarlo?
Los hombres que tienen relaciones tres veces por semana experimentan una producción un 70% mayor de testosterona que el resto
De entrada, con una alimentación equilibrada y alto consumo de proteínas, dieta estricta y evitando excesos. Como parte del 'tratamiento' para la producción de esta hormona hay quien recomienda tener encuentros sexuales con regularidad, informa 'Comunicae'. De hecho, los hombres que tienen relaciones tres o más veces por semana experimentan una producción un 70% mayor de testosterona frente a aquellos que apenas mantienen relaciones una o dos veces por semana.
Los hombres que tienen niveles altos de producción de testosterona pueden presentar mejor resistencia física, ánimo, capacidad de reacción y vasos sanguíneos mejor dilatados. A pesar de ello, no es conveniente consumir suplementos por propia iniciativa.
Fuente: http://ow.ly/Rnzr309opd8



