Ejercicios para bajar la panza

Si piensas que para tener el abdomen que siempre has deseado tienes que hacer mucho ejerciocio al día, te equivocas. Cada cuerpo es distinto y por lo tanto, existen rutinas para bajar la panza según su forma.
Si algo hay persistente en este mundo es la grasa que se queda en el estómago y al no atacarla correctamente, seguirá alojándose en esta zona de tu cuerpo indefinidamente. Sin embargo, si sigues las siguientes recomendaciones y ejercicios para bajar la panza, lograrás ahora sí, deshacerte de ella para siempre.
De acuerdo con un estudio realizado por la American Council on Exercise, dependiendo el tipo de panza de cada persona, se recomiendan ciertos ejercicios para eliminarla definitivamente.
Si te identificas con alguna, no dudes más y dile adiós para siempre.
1. Panza inflamada por estrés
Es el tipo de abdomen que tienen las personas que padecen síndrome del intestino irritable, gastritis o colitis.
Evita hacer ejercicios cardiovasculares porque aumentan los niveles de cortisol. Opta por hacer yoga, caminar 40 minutos diarios y alguna rutina de pesas que te ayude a esculpir y fortalecer tu cuerpo.
2. Panza de llantita
Este tipo de abdomen se forma por los malos hábitos como consumir alimentos con mucha azúcar y por llevar una vida sedentaria.
Los ejercicios que pueden ayudarte a desaparecerla son abdominales, sentadillas, correr, saltar la cuerda y subir y bajar escaleras.
3. Panza de embarazada
Este tipo de abultamiento en el abdomen lo tienen mujeres que han tenido hijos. Lo primero que debes hacer es cinco series al día de ejercicios de Kegel, que consisten en apretar y soltar los músculos pélvicos 20 veces cada serie.
Mantente alejada de los abdominales. Después del parto, los músculos de la línea media del abdomen se separan y necesitas dejarlos recuperarse (Deja pasar de 3 a 4 meses).
4. Abdomen hinchado
Este tipo de vientre suele estar plano por la mañana y en el transcurso del día se distiende con indigestión o gases, intolerancia a ciertos alimentos como el gluten, lácteos, alcohol y levaduras.
Lo creas o no, la respiración puede ser la mejor cosa que puedes hacer para este tipo de panza. Prueba esto cada mañana: recuéstate boca arriba, completamente relajada, y respira profundamente con tu abdomen 10 veces. Si eres constante, notarás resultados en poco tiempo.
5. Estás delgada pero tienes panza
Llevas una alimentación balanceada y te mantienes todo el día activa, pero tienes una pequeña pancita.
Tú debes dejar de insistir en los abdominales. Los ejercicios para bajar la panza que debes hacer son lagartijas. Trata de hacerlas 3 veces por semana e incrementa las series que realices para que los resultados sean más rápidos.
Además de hacer estos ejercicios para bajar la panza, es importante que no descuides tu alimentación, que consumas alimentos ricos en fibra y bebas mínimo dos litros de agua diario.
Recuerda que la constancia y buenos hábitos son tus mejores aliados para lucir una figura envidiable.
Fuente: http://enforma.salud180.com/nutricion-y-ejercicio/ejercicios-para-bajar-la-panza
Cuatro entrenamientos para adelgazar con salud

¡Enhorabuena! Si la teoría de Maxwell Maltz es cierta, y ha seguido los consejos que los expertos de ZEN le han brindado durante las dos pasadas semanas, está a punto de conseguir una auténtica hazaña que marcará un antes y un después en su vida: convertir el ejercicio físico en un hábito. Cierto es que la excusa, esa cansina operación bikini que florece cual amapola cada primavera, resulta algo petarda pero bienvenida sea si le ha servido de resorte para levantarse del sofá y empezar a moverse de una vez por todas.
"¿Qué tiene que ver el señor Maltz en este asunto?", se preguntará con razón. Todo. Cirujano plástico en sus tiempos mozos, el galeno estadounidense se dio cuenta, allá por la década de 1950, que la mayoría de sus pacientes tardaba 21 días en asumir como propia la nueva imagen que les devolvía el espejo tras haberse sometido a su certero bisturí. Es decir, transcurrido ese tiempo, aceptaban como suyo ese apéndice respingón que había sustituido a aquella contundente nariz que le había brindado de serie la naturaleza o dejaban de sentir un miembro amputado.
Traducido al asunto que le compete, estos 21 días le han tenido que servir a su mente para concebir el ejercicio como algo natural y satisfactorio, no como un sacrificio al que someterse estacionalmente para lucir palmito en traje de baño. Así que ha llegado el momento de meter más caña. Toca empezar a perder peso de forma saludable y, por su puesto, sólo si es estrictamente necesario. La receta para lograrlo, según Álvaro Moya, entrenador personal del Reebok Sports Club (Madrid), sería: «Un 50% de alimentación sana. Nada de dietas milagro. Un 40% de ejercicio físico diseñado por un profesional y un 10% de descanso».
¿AERÓBICO O ANAERÓBICO?
Esa es la principal cuestión en lo que a actividad física se refiere. ¿Qué los distingue? Moya lo explica: «Todo se basa en la duración y en la intensidad del ejercicio que realicemos, ya que dependiendo de estos matices nuestro cuerpo utilizará un sistema de energía u otro».
Si el objetivo es perder peso, lo ideal es optar por tres sesiones semanales de aeróbico «de intensidad de ligera a moderada desde el minuto tres hasta el 45 ó 60 de forma continuada y sin descansos. El metabolismo descompone ácidos grasos como fuente de energía al haber presencia de oxígeno durante este proceso».
¿Qué pasa con el anaeróbico? «Son rutinas de alta intensidad desde el primer segundo con tiempos de recuperación entre ejercicios». Durante estos entrenamien-tos por intervalos, que no deben exceder los 30 minutos, «nuestro metabolismo descompone fosfágenos y glucógeno como fuente de energía sin apenas implicación de oxígeno».
¿CUÁNTAS CALORÍAS HAY QUE QUEMAR PARA PERDER UN KILO?
Otra de las dudas que más se plantean sobre el espinoso asunto de adelgazar en el gimnasio es cuántas calorías deberíamos llegar a quemar para perder un kilo de grasa. «Para saberlo con exactitud tendríamos que calcular el IMC (Índice de Masa Corporal) de la persona en cuestión y su composición de masa magra y grasa», asegura. A grandes rasgos, si usted está en su peso ideal y lleva una dieta saludable «tendría que gastar 7.000 calorías -equivalente a unas 10 horas de ejercicio aeróbico repartidas en un par de semanas- para perder un kilo». En el caso de alguien con obesidad y malos hábitos alimenticios, «la cantidad de calorías subiría hasta unas 8.200», asevera Moya.
¿QUÉ ES LO MÁS EFECTIVO?
Las actividades aeróbicas más recomendables para perder peso de forma saludable son: «Correr -o caminar a un ritmo intenso-, hacer elíptica o montar en bicicleta». «Si practicamos cualquiera de estos tres deportes entre 30 y 45 minutos quemaremos de 300 a 500 calorías».
¿QUÉ SON LOS HIIT?
Otra modalidad que gana cada día más adeptos son los hiit, «entrenamientos interválicos de alta intensidad». Su objetivo: «Completar las máximas repeticiones de un ejercicio a la máxima intensidad desde 15 segundos hasta un minuto, como máximo, marcando los intervalos con una recuperación activa». No aptas para todos los públicos, «aceleraran el metabolismo por lo que seguimos quemando calorías hasta 24 horas después de haberlos realizado», concluye Moya.
¿Por qué es importante controlar las pulsaciones?
¿POR QUÉ ES IMPORTANTE? «Monitorizar nuestra frecuencia cardiaca sirve para controlar nuestras zonas de entrenamiento, ya sean máximas o sub máximas o moderadas», explica Álvaro Moya. Pero, ante todo, para practicar deporte con seguridad. «Para establecer las pulsaciones máximas o sub máximas exactas, necesitaríamos hacer una prueba de esfuerzo -aconseja-». También pueden calcularse, de forma aproximada, «restando nuestra edad a 220. El resultado serían las pulsaciones en las que empezamos a estar en zona de ejercicio máximo para nuestro corazón».
Fuente: http://www.elmundo.es/vida-sana/cuerpo/2016/05/16/57348e9ae5fdeab8438b4602.html
Identificado un marcador que predice la eficacia del tratamiento en el cáncer colorrectal

Un test de sangre puede ser suficiente para saber qué pacientes responderán al tratamiento - ARCHIVO
Cada año se diagnostican en nuestro país cerca de 33.000 nuevos casos de cáncer colorrectal, cifra que supone en torno al 15% del total de nuevos diagnósticos por enfermedades oncológicas. De hecho, el cáncer colorrectal es el tumor más frecuente en España combinando ambos sexos, así como el segundo en mortalidad tras el cáncer de pulmón, causando cada año cerca de 15.000 fallecimientos. Sin embargo, y detectado a tiempo, el cáncer colorrectal se puede curar en un 90% de los casos. No así en el caso en los que el tumor se encuentra en fases avanzadas –o ‘metastásicas’, es decir, cuando el tumor ya se ha expandido a otros órganos–, en las que las opciones terapéuticas disponibles son escasas. Y entre las mismas, cabe destacar, dada su eficacia, el fármaco ‘cetuximab’.Sin embargo, no todos los pacientes responden al tratamiento. De ahí la importancia de un nuevo estudio dirigido por investigadores del Centro Oncológico Princesa Margarita de Toronto (Canadá), en el que se identifica un nuevo marcador que, a través de una simple muestra de sangre, permite identificar a los pacientes que pueden beneficiarse de la administración de cetuximab.
Como explica Geoffrey Liu, director de esta investigación publicada en la revista «Clinical Cancer Research», «nuestro estudio ha permitido descubrir que el marcador sanguíneo FCGR2A identifica a un nuevo grupo de pacientes que se beneficiarán del tratamiento con cetuximab. Así, y gracias a este hallazgo, creemos que podremos facilitar a los pacientes un tratamiento dirigido y efectivo en la práctica clínica real».
Más allá del tumor
Los resultados de un estudio publicado hace casi ya una década constataron la eficacia de cetuximab en el tratamiento de los pacientes con cáncer colorrectal que no respondían a otros fármacos quimioterápicos. Además, y según el estudio, esta eficacia era aún mayor en aquellos casos en los que se presentaba una mutación específica en el gen ‘RAS’. Sin embargo, estos hallazgos no pudieron ser posteriormente confirmados en la práctica clínica real.
Como refiere Geoffrey Liu, «el estudio previo, llevado a cabo con pacientes con cáncer colorrectal metastásico que se habían quedado sin opciones terapéuticas, mostró que cetuximab era más efectivo en un subgrupo de pacientes con tumores que presentaban una mutación ‘RAS’. Sin embargo, la realidad es que no ha funcionado para todo el mundo, por lo que el objetivo en los últimos años ha sido cómo identificar mejor a los pacientes que podrían beneficiarse de este fármaco».
Hay que tener en cuenta que cetuximab es un fármaco caro que no se encuentra exento de efectos secundariosGeoffrey Liu
Por ello, el nuevo estudio, llevado a cabo con la participación de 572 pacientes con cáncer colorrectal metastásico, tuvo por objetivo identificar un nuevo marcador de la eficacia de cetuximab no en el tumor, sino en la sangre y otros tejidos a los que no se hubiera expandido el tumor.
Como apunta el director de la investigación, «en lugar de analizar las características del tumor, que en donde se pueden observar las mutaciones en el gen ‘RAS’, buscamos otras variaciones genéticas hereditarias que pudiéramos medir en la sangre y en los tejidos normales».
Evitar la toxicidad
De acuerdo con los resultados, el ‘fragmento de la fracción constante de la inmunoglobulina gamma con baja afinidad por el receptor 2a’ –o lo que es lo mismo, FCGR2A–, una proteína presente en el torrente circulatorio y cuantificable a partir de un simple análisis de sangre, permite identificar a aquellos pacientes que responderán al tratamiento.
En definitiva, destacan los autores, «nuestro estudio resuelve uno de los misterios de por qué la administración de cetuximab resultaba fútil para más de una mitad de los pacientes con cáncer colorrectal incurable que no respondían al tratamiento».
Un aspecto importante dado que, como concluye Geoffrey Liu, «necesitamos encontrar otras vías para poder ofrecer una medicina personalizada a los pacientes con cáncer colorrectal, siempre teniendo en cuenta que cetuximab es un fármaco caro que no se encuentra exento de efectos secundarios».
Los niños sin celiaquía no deberían seguir una dieta sin gluten

El gluten es una proteína presente en los cereales, caso del trigo - ARCHIVO
El gluten es una proteína presente en los cereales, principalmente en el trigo, la cebada y el centeno, que confiere elasticidad a la masa de la harina y es responsable de la consistencia elástica y esponjosa de los panes y masas horneadas. Una proteína, sin embargo, que no pueden consumir las personas con enfermedad celiaca –o celiaquía–, trastorno de carácter autoinmune causado directamente por una intolerancia permanente al gluten y cuya prevalencia ha crecido notablemente en los últimos años. De hecho, se estima que ya a día de hoy un 1% de la población de nuestro país –o lo que es lo mismo, más de 450.000 personas– padece celiaquía. Pero el incremento de esta prevalencia no es suficiente para explicar el crecimiento de la oferta de los productos sin gluten –en torno a un 136% entre 2013 y 2015–. Y es que cada vez un mayor número de personas sin la enfermedad optan por seguir este tipo de alimentación. Una situación que, como advierte Norelle R. Reilly, del Centro Médico de la Universidad de Columbia en Nueva York (EE.UU.), en un artículo publicado en la revista «The Journal of Pediatrics», no tiene ningún sentido. Menos aún en el caso de los niños sin celiaquía, en los que los potenciales riesgos podrían ser mayores.
Como explica Norelle Reilly, «en ocasiones, los padres hacen que sus hijos adopten una dieta sin gluten porque creen que así aliviarán sus síntomas, prevendrán el desarrollo de la enfermedad celiaca o, simplemente, porque consideran que es una alternativa saludable. Una actitud que se explica por la preocupación por la salud de sus hijos pero que llevan a cabo sin haber realizado ninguna prueba previa de intolerancia al gluten o haberlo consultado con un especialista en dietética».
Más riesgos que beneficios
La cifra de personas que, aun sin enfermedad celiaca, optan por adoptar una dieta sin gluten es cada vez mayor. Todo ello a pesar de que las motivaciones para esta decisión no están del todo claras. De hecho, una encuesta realizada en 2015 con la participación de 1.500 estadounidenses que se habían pasado a la dieta sin gluten reveló que, según reconocieron los propios encuestados, la explicación más común era «que no había ninguna razón».
Tal es así que, como recoge el artículo, «dados los frecuentes malentendidos y el desconocimiento sobre el gluten, los datos disponibles en torno a la dieta sin gluten requieren ser aclarados».
Así, y en primer lugar, debe tenerse en cuenta que la consideración que defiende que la dieta sin gluten es un estilo de vida saludable carentes de desventajas es errónea. No en vano, no se ha demostrado que este tipo de alimentación conlleve ningún beneficio para la salud para las personas sin enfermedad celiaca o alergia al trigo. Por el contrario, alerta Norelle Reilly, «la dieta sin gluten podría aumentar la ingesta de calorías y grasas, contribuir a una deficiencia nutricional y ocultar un diagnóstico real de celiaquía».
Los padres deben ser asesorados sobre las posibles consecuencias sociales, nutricionales y económicas de una dieta sin glutenNorelle Reilly
En segundo lugar, la creencia, igualmente errónea, de que el gluten es tóxico se encuentra cada vez más extendida. Pero no hay ninguna evidencia científica que respalde esta teoría. Tal es así que, como incide el artículo, «la dieta sin gluten tampoco es necesaria en el caso de los familiares de primer grado sanos de los pacientes diagnosticados de celiaquía ni en el de los niños sanos en riesgo de desarrollar la enfermedad celiaca».
Innecesaria y muy cara
Asimismo, es cierto que las dietas sin gluten pueden mejorar la salud y calidad de vida en un pequeño subgrupo de pacientes. Pero siempre con el asesoramiento de un especialista en dietética. Sin embargo, no existe ninguna evidencia científica de que estas dietas libres de gluten se asocien con ningún beneficio en el caso de los niños sin diagnóstico de celiaquía o de alergia al trigo. Y es que dadas las posibles deficiencias tanto a nivel nutricional como de su calidad de vida, adoptar una dieta sin gluten podría tener más riesgos que beneficios.
Como concluye Norelle Reilly, «los padres deben ser asesorados sobre las posibles consecuencias sociales, nutricionales e, incluso, económicas de la implementación innecesaria de una dieta sin gluten. Puede que los médicos no tengan la capacidad de detener esta migración hacia las dietas sin gluten, pero pueden jugar un papel fundamental en la educación de los padres y los pacientes».
Y en este contexto, ¿la adopción de una dieta sin gluten tiene, como alude el editorial, consecuencias económicas? Pues sí, y muy notables. De hecho, un estudio llevado a cabo en 2015 por la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE) concluye que el seguimiento de una dieta sin gluten supuso el pasado año un gasto adicional de 1.468,72 euros en la cesta de la compra de los pacientes con enfermedad celiaca –y por tanto, obligados a seguir este tipo de dieta.
Cuidado: la mitad de los infartos de miocardio son asintomáticos

El 45% de los infartos de miocardio son asintomáticos - ARCHIVO
Las enfermedades cardiovasculares se corresponden con la primera causa de mortalidad en todo el mundo. De hecho, solo en 2012 fueron responsables de cerca de 17,5 millones de decesos en todo el planeta. Una cifra que, según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), representa el 31% de todos los fallecimientos acaecidos ese año a nivel global, principalmente por accidentes cerebrovasculares –o ictus– e infartos de miocardio. Y en este contexto, cabe destacar que cerca de la mitad de estos infartos son ‘silentes’, es decir, asintomáticos. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que, aunque el paciente no sepa que lo está padeciendo, estos infartos ‘silenciosos’, conllevan el mismo riesgo de mortalidad cardiovascular o por cualquier otra causa que los episodios ‘sintomáticos’. Así lo muestra un nuevo estudio dirigido por investigadores del Centro Médico Baptista Wake Forest en Winston-Salem (EE.UU.) y publicado en la revista «Circulation».
Como explica Elsayed Z. Soliman, director de la investigación, «el pronóstico de un infarto de miocardio silente es tan malo como el del típico infarto que se reconoce cuando está pasando. Y dado que los pacientes no saben que están sufriendo un infarto silente, es posible que no reciban el tratamiento que necesitan para prevenir la aparición de un nuevo infarto».
Más comunes en varones
La creencia general es que los infartos de miocardio cursan con síntomas ‘clásicos’ como el dolor de pecho, la falta de aliento o los sudores fríos. Pero la realidad es que los infartos, esto es, la pérdida de irrigación sanguínea, total o parcial, del músculo cardiaco, pueden sufrirse sin presentar ninguna sintomatología.
En el nuevo estudio, los autores analizaron los historiales médicos de 9.498 adultos de mediana edad incluidos en el Estudio de Riesgo de Aterosclerosis en las Comunidades (ARIC), trabajo puesto en marcha en 1987 en Estados Unidos con el objetivo de determinar las causas y el pronóstico de la aterosclerosis.
Durante los nueve años de seguimiento promedio del ARIC, 317 participantes sufrieron un infarto silente y 386 padecieron un infarto con síntomas clínicos. Pero el nuevo estudio no acabó ahí: los autores siguieron durante dos décadas la evolución de los pacientes infartados para determinar su riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular o por cualquier otra causa.
El pronóstico de un infarto silente es tan malo como el del típico infarto que se reconoce cuando está pasandoElsayed Soliman
Los resultados mostraron que el 45% de los infartos cursan de forma asintomática, así como que estos infartos silentes triplican el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular y aumentan en un 34% la probabilidad de fallecer por una causa no cardiovascular.
Es más; los infartos de miocardio silentes son más comunes en los varones que en las mujeres. Sin embargo, y una vez se presentan, el riesgo de mortalidad es mucho mayor en la población femenina que en la masculina.
Como apunta Elsayed Soliman, «parece que las consecuencias de los infartos silentes son peores en las mujeres que en los hombres. Además, nuestros resultados también sugieren que las consecuencias son igualmente peores en las personas de raza negra que en aquellas de raza blanca, si bien el número de participantes negros en el estudio resultó demasiado pequeño como para asegurarlo con certeza».
Tan peligrosos como los ‘sintomáticos’
Por lo general, estos infartos silentes no son tan ‘silenciosos’ y suelen cursar con algún síntoma. El problema es que los síntomas son tan leves que el afectado no llega ni a darse cuenta de haberlo padecido. Entonces, ¿cómo se sabe que una persona ha sufrido realmente un infarto de miocardio ‘silente’? Pues simplemente, porque es detectado posteriormente cuando la persona se somete a un electrocardiograma (ECG) para evaluar la actividad eléctrica de su corazón.
Sea como fuere, alerta Elsayed Soliman, «una vez se ha detectado, el infarto ‘silente’ debe ser tratado de una forma igual de agresiva que los infartos en los que los síntomas son patentes».
Y llegados a este punto, ¿hay alguna diferencia entre los factores de riesgo de ambos ‘tipos’ de infartos, silentes y sintomáticos? Pues no, son los mismos. Y por lo que refiere a los factores de riesgo modificables, como concluye Elsayed Soliman, «los médicos tienen que ayudar a sus pacientes que han sufrido un infarto silente a dejar de fumar, bajar de peso, controlar sus niveles de presión arterial y glucosa en sangre y hacer más ejercicio».